LA VERDADERA FUERZA
(Neh. 8:10) Luego les dijo: Id,
comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada
preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el
gozo de Jehová es vuestra fuerza. El gozo no es
una sensación de felicidad que se supone que usted tenga cuando las cosas
marchan bien. Es mucho más que eso. El gozo es una de las fuerzas espirituales
más poderosas del mundo. Lea con atención lo que dice (Neh. 8:10) y le mostraré
por qué. Si hiciéramos un diagrama de este versículo y quitáramos las palabras
“de Jehová”, encontraríamos que en realidad está diciendo que el gozo es
fortaleza. Las dos cosas son intercambiables, y por esa razón el gozo es tan
importante. No se puede vivir una vida de fe sin ser fuerte en el Señor, y
cuando Dios quiere fortalecernos, utiliza el gozo para hacerlo. El gozo no es
un estado anímico pasajero ni es sólo un estado mental, sino también una fuerza
verdadera, y no hay nada que el diablo pueda hacer contra él. Así como el temor
tiene que ceder a la fe, el desaliento tiene que ceder al gozo. Como parte del
fruto del Espíritu Santo, el gozo ya está en usted. Pero si desea aprovechar el
poder del gozo, es necesario que lo cultive, lo confiese y lo ponga en práctica.
No importa la situación por la que esté pasando, usted puede hacerlo lleno de
gozo y fortalecido en el Señor. Usted puede recurrir al poder del Espíritu
Santo dentro de usted y salir adelante.
¡Regocíjese!
LOS AÑOS DORADOS
(Is. 46:4) Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os
soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré. Envejecer con gracia debería ser una de tus metas en la vida. No
debe asustarte hacerte mayor, ni tratar de disfrazar el desasosiego que eso te
produce y querer ocultar tu ansiedad. Se dice que una señora fue a comprar un
sombrero. Cuando se probó uno, su amiga le dijo: “Ese sombrero te hace diez
años más joven” La primera se lo quitó inmediatamente y lo devolvió a la
estantería diciendo: “No lo quiero. Odio la
idea de parecer diez años mayor cada vez que me lo quito” Tal vez la “Madre
Naturaleza” y el “Padre Tiempo” te
hayan traído dolores de espalda, calvicie y gafas bifocales, pero no tienes por
qué vivir ni pensar como un viejo. En lugar de intentar añadir años a tu vida,
intenta añadir vida a tus años. En lugar de lamentar el hecho de que te estás
haciendo mayor, piensa cómo te lamentarías si se te hubiera negado ese
privilegio.
Cuando
le preguntaron al antiguo presidente de los EE.UU., Dwight D. Eisenhower, cómo se sentía
al cumplir ochenta años, éste respondió: “Pues es mucho mejor que
la alternativa” Si todavía estás vivo, Dios te ha preservado la vida por un
motivo. Descubre cuál es y luego dedica todos los días y todas las energías que
te quedan en ello. Se puede ser “viejo” a los veinticinco y “joven” a los
ochenta y cinco. Sólo
eres mayor cuando te sientes así, o cuando piensas que ya no tienes nada más
que aprender, o te dices: “Soy demasiado viejo para
eso”; o no esperas nada del día de mañana; o no te interesas en
lo que hacen los jóvenes; o prefieres hablar que escuchar; o te aferras al
pasado, convencido de que fue mucho mejor que el presente.
NO DUDES DE TI
MISMO
(Ef. 6:10) Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el
Señor, y en el poder de su fuerza. “Fortaleceos en el señor” No te sorprendas cuando Dios te pida que,
des un paso de fe y hagas algo para lo que no te sientes apto. Así es como
suele operar el Señor; y lo hace para que te apoyes más en Él y menos en ti
mismo. ¿Quiere decir eso que no
te vas a equivocar nunca? No, pues seguro que en
algún momento errarás. Pero en lugar de desanimarte, verás tus fallos como
parte del aprendizaje y ellos te ayudarán a alcanzar cosas mayores. Solemos
considerar una tarea y pensar: “Yo nunca voy a poder
cumplirla” El
problema con tal planteamiento es que estás mirando por el lado equivocado del
telescopio; te estás mirando a ti mismo en lugar de a Dios. Cuando Dios le
llamó a Josué para que fuera el sucesor de Moisés, le prometió: “Como estuve con Moisés, estaré contigo” (Jos.
1:5) Nadie te podrá hacer frente en
todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te
dejaré, ni te desampararé.
Así
pues, si Dios promete estar contigo, y es verdad que Él te acompaña, eso es
todo lo que necesitas. Su fortaleza se manifiesta
en tu debilidad (2ª Cor. 12:9) Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque
mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré
más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Podrás
extraer cualquier característica que te falte en el ámbito natural de la cuenta
que tienes en el ámbito espiritual. “Fortaleceos en el Señor, recibirás
poder en tu unión con Él, y en el poder de su fuerza, esa fuerza que provee el
Todopoderoso” (Ef. 6:10) Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor,
y en el poder de su fuerza. ¿De qué clase de fuerza
hablamos? ¡De una sin límites! ¿Y de dónde la obtienes? De la
fuente original: ¡Dios! Al trabajar con Él, estarás equipado y lleno de poder,
así que no te tengas en poco. Armado con su fortaleza, tienes muchas más
capacidades de lo que crees y podrás hacer muchas más cosas de las que has
hecho hasta ahora. Por lo tanto, deposita tu confianza en Dios y deja de dudar
de ti mismo.
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